Conoce los errores en el maquillaje que envejecen

Debes elegir correctamente la base para tu cara.

Martes 28 de agosto de 2012 a las 14:54 horas

Pura Mujer

Son pequeños detalles pero más importantes de lo que parece porque pueden llegar a producir justo el efecto contrario al que buscas. Un buen maquillaje es aquel capaz de cubrir las pequeñas imperfecciones cutáneas resaltando, al mismo tiempo, tus rasgos más atractivos sin que su presencia resulte demasiado evidente. Así que ante todo, naturalidad. 

 

Especialmente a partir de los 30 o 35 años, la piel comienza a perder parte de su frescura y elasticidad y el maquillaje se convierte en una magnífica herramienta para aportarle la luminosidad que necesita. Un rostro maduro mal maquillado resultará artificial y, lo peor, envejecido.

 

LA BASE

 

El primer paso y el más importante de cualquier maquillaje es la correcta elección de la base. Tienes que encontrar la tuya, que siempre será de un tono muy similar al de tu propia piel. Lo ideal es que sea un poco más clara y que se funda perfectamente en tu rostro haciéndose “invisible”.

En este sentido, los dos errores más comunes son: elegir un fondo demasiado oscuro y aplicar una cantidad excesiva de producto. Con una base más oscura de lo necesario (tal vez pretendiendo un falso bronceado) apagarás el rostro y si, además, extiendes una capa demasiado compacta (intentando tapar las pequeñas arruguitas) tendrás como resultado un efecto “máscara acartonada” nada favorecedor.

 

Para evitarlo, hidrata en profundidad la piel antes de aplicar el fondo de maquillaje y elige una base muy fluida (incluso puede bastar con una crema con un toque de color). Si quieres dar una mayor luminosidad al rostro puedes también elegir un fondo que incorpore polvos iluminadores, pero ten en cuenta que el resultado debe ser una cara fresca y radiante, nunca con exceso de brillos porque estos envejecen y acentúan los defectos.

 

Si necesitas aplicar bases correctoras, hazlo con moderación. Pueden ser necesarias en las ojeras. Si este es tu caso, aplica una cantidad mínima (con la yema de los dedos y realizando pequeños golpecitos). El corrector y la base deben ser de tono idéntico para que no se note diferencia entre ellos (de lo contrario marcarías aún más las ojeras).

 

OJOS Y LABIOS

 

El color en tus párpados debe servir para dar profundidad a la mirada y brillo a tus ojos. Un exceso de sombras puede resultar contraproducente. Opta por colores naturales (tonos tierra) y elige sombras en polvo, nunca en crema, para evitar resaltar las arrugas del párpado propias de la edad. Unas cejas bien depiladas y unos toques con el rizador en tus pestañas conseguirán reavivar tu mirada sin una gota de maquillaje.

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Sobrecargar los párpados con un exceso de color es uno de los errores más comunes (puede llegar a parecer que el párpado “pesa”). Una buena ayuda es el delineador. Aplícalo en el interior del párpado inferior y en el exterior del superior haciendo un discreto rabillo hacia arriba de manera que ayudes a que el párpado “suba”, rejuveneciendo así la mirada. No lo uses en color negro, al menos en un maquillaje de día, porque este tono endurece la mirada echándote años encima. Es preferible un marrón, al igual que para la máscara de pestañas.

 

Combina únicamente dos sombras (por ejemplo un marrón y un beige) y aplica la más clara en todo el párpado móvil y el arco bajo las cejas, dejando la oscura sólo en el párpado móvil. Si quieres un toque de brillo extra, utiliza una sombra dorada para la zona interna del ojo (lagrimal) pero nunca en la externa porque estarías, tú solita, señalando las patas de gallo.

 

En cuanto a los labios, a medida que pasan los años es importante hidratarlos en profundidad (también la zona por encima de ellos donde se forman pequeñas arrugas de expresión). Para aportarles un aspecto más joven, saca partido al perfilador y define perfectamente las líneas de tus labios pero de manera sutil, sin que resulte evidente. Para ello, el perfilador debe ser del tono exacto a la barra de labios. Los colores que aportan juventud son los más naturalesy discretos: rosa, coral, nude, melocotón… evita los tonos demasiado oscuros (berenjena, chocolate…), y descarta totalmente los metálicos o de acabado nacarado.

 

Para terminar, no cometas el error de un exceso de rubor en tus mejillas. Si el colorete crea un marcado contraste en tu rostro, el resultado será demasiado artificial. Solo es necesario un toque, en un tono similar al de tu piel, aplicado con brocha ancha y siempre del pómulo a la sien para “subir” tus mejillas.

 

Para un resultado fresco y natural utiliza polvos sueltos, no compactos, para los necesarios retoques. No apelmaces el maquillaje a base de esponjita y polvos fijadores demasiado densos que restarían naturalidad.

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